Librería Filosófica


Kant

El giro copernicano de la filosofía


Es probable que todo el mundo recuerde la película El chico, de Charles Chaplin, y más concretamente la secuencia en la que Charlot y el niño de cinco años que tiene a su cargo, ambos sumidos en la pobreza, tratan de juntar algo de dinero mediante la siguiente argucia: el niño lanza una piedra contra la ventana de alguna casa, hace el cristal añicos, y al cabo de un momento pasa por delante de la casa Charlot pertrechado con los utensilios de cristalero y dispuesto a reparar el estropicio por un precio razonable. Pues bueno, haciendo

algunas leves correcciones y adaptaciones, ahí tenemos a la pareja David Hume-Immanuel Kant llevando a cabo, básicamente, la misma operación respecto al pensamiento filosófico occidental. Lo que hizo Hume con la tradición filosófica, en efecto, fue lanzarle una pedrada. Después de que los más variados pensadores expusieran a lo largo de siglos sus doctrinas acerca del universo y de los hombres, el escocés dieciochesco Hume desbarató su edificio conceptual y dejó en evidencia la vana arrogancia de pretender explicar el fondo de la realidad mediante razonamientos. Les mostró a los pensadores que entre sus ideas o contenidos mentales y el mundo exterior a ellas mediaba un abismo insalvable, y que solo la prepotencia o la ingenuidad podían olvidar esta drástica separación. En rigor, no podía hablarse de certeza absoluta o verdad incontrovertible sobre nada: el hecho de que el Sol haya aparecido por levante durante milenios no asegura que mañana vaya a hacerlo, solo indica una alta probabilidad de que lo haga. Kant leyó las argumentaciones escépticas de Hume acerca de la posibilidad y los límites del conocimiento, y quedó vivamente impresionado: según su propia expresión. Hume le despertó de su sueño dogmático. Siguiendo con la analogía chaplinesca, pues, podríamos decir que Kant se encontró con el cristal hecho añicos y se ofreció a repararlo, pero colocó en su lugar un cristal esmerilado, y les dijo a los filósofos que estaban en el interior de la casa: «Hasta ahora creíais que el cristal era transparente y que veíais las cosas tal como son en realidad, que lo único que había que hacer era mantenerlo limpio de polvo y de excrementos de paloma y evitar que se empañara. Pues no, señor. Lo que veis y comprendéis es el producto de las operaciones de vuestra sensibilidad, de vuestro entendimiento y de vuestra razón, y para que lo tengáis claro aquí os coloco un cristal translúcido».

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Wittgenstein: La conciencia del límite

Wittgenstein: La conciencia del límite (Descubrir la filosofía nº 14) por Carla Carmona Escalera


"De lo que no se puede hablar, más vale guardar silencio" Ludwig Wittgenstein revolucionó la historia del pensamiento en dos ocasiones, de ahí que se distingan dos etapas claras en su pensamiento, la primera (a la cual pertenece esta sentencia) correspondiente a la teoría pictórica del significado, y la segunda, que gira en torno a la máxima "el significado de una palabra está en el uso". La honestidad de su trabajo filosófico fue tal que la segunda vez no titubeó a la hora de tirar por tierra la idea principal de su primera etapa, que muchos todavía veneraban y que él mismo había entendido como punto y final de la filosofía. Este libro presenta con sencillez los aspectos más importantes de su pensamiento, al tiempo que intenta ofrecer un retrato de su compleja personalidad, atendiendo al propio convencimiento del autor de que filosofía y vida no iban cada una por su lado, sino que una era reflejo de la otra, y viceversa. De la mano de la doctora en filosofía Carla Carmona el lector descubrirá a un ser humano profundamente enfrascado en cuestiones éticas fundamentales, incluso cuando se ocupaba de la lógica, así como las preocupaciones de corte estético que guiaron su quehacer filosófico.

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